He dedicado algo más de una década a contar historias para compañías nacionales e internacionales que querían lo nunca visto y lo jamás imaginado, cuando lo que de verdad buscaban era emocionar pero, sobre todo, emocionarse.
Y así, es como he acabado sensiblemente obsesionado por crear universos singulares y sus normas. Personajes que los habitan y navegan sin saber a dónde los llevarán las palabras. Conflictos que agitan y enredan todo, dando vida a narrativas tan cercanas y tan complejas, que son simplemente, humanas.


